La luz que aportan los datos en la toma de decisiones

Creo firmemente que las personas se dividen en dos tipos, los que creen que el futuro es algo que te pasa, y los que creen que lo pueden crear. Y desde esta óptica, estoy convencida de que los segundos no podrían estar viviendo una época mejor para sus fines.

Desde que el hombre es hombre y toma decisiones siempre  ha tenido una cierta necesidad de ayuda para hacerlo. Recordemos los kilómetros que recorrían en la antigua Grecia aquellos que emprendían una nueva misión, preguntándole al Oráculo de Delfos si los dioses les serían propicios o no. Hoy no tenemos oráculos, tenemos DATOS.

Hoy no tenemos oráculos, tenemos DATOS

Para cualquier organización es de un valor incalculable contar con datos relevantes y “curados” en relación con la toma de decisiones. Ponerlos a disposición de toda la organización y contar con equipos con capacidad de análisis y conscientes de la necesidad de tener la mejor versión de la realidad,en base a hechos y no a conjeturas, es hoy fundamental para cualquier empresa que pretenda avanzar en un mundo tan competitivo como el actual.

Si miramos un poco más lejos, lo que viene no es una toma decisión únicamente humana basada en datos,  sino un enorme apoyo en la una toma decisión por parte de sistemas, máquinas y robots “inteligentes” que ayuden a mejorar la vida de las personas.

¿Y cómo van a tomar las máquinas decisiones por nosotros? O mejor aún, ¿cómo están tomando ya las máquinas decisiones con nosotros, los humanos?

Empecemos por el principio. A mediados del siglo pasado Arthur Samuel, considerado el padre del aprendizaje automático, consiguió que un sistema inteligente aprendiera a jugar a las damas; la novedad, el sistema mejoraba con cada juego, con lo que haciéndole jugar miles de veces contra sí mismo, consiguió su objetivo. Pero la capacidad para “procesar datos” en aquel momento daba para lo que daba…

En 1997 Deep Blue, de IBM, logró vencer a Kasparov al ajedrez, un juego muco más  complejo, y en 2004 IBM decide asumir un reto aún mayor que conseguiría en 2011: su IA, Watson, ganó a los dos mejores jugadores de Jeopardy de Estados Unidos, concurso televisivo en horario prime time, lo que le otorgó una popularidad sin precedentes.

Ya en 2018 podemos unir una ingente cantidad de datos, con una capacidad de procesarlos casi infinita (todos los desarrollos de sistemas en la nube) y contamos con una forma de escribir código basada en el autoaprendizaje del propio sistema (machine learning…).El resultado es que ya contamos con sistemas inteligentes capaces de proponer opciones en la toma decisiones.

Esta es una forma muy simple, y por tanto puede pecar de inexacta, para explicar los fundamentos de la Inteligencia Artificial, pero nos ayuda a entender por qué dejamos a algunas máquinas tomar decisiones:

  • De conducción para evitar accidentes.
  • De diagnóstico médico o clasificación de cadenas de ADN.
  • De recomendaciones legales, cuando hay que bucear en grandes cantidades de documentos.
  • De compra de activos financieros, bots que invierten nuestro dinero.
  • De decisión sobre perfiles en la gestión de equipos para replicar los mejores entornos de trabajo.

Y un poco más lejos en el horizonte se puede vislumbrar como la inteligencia artificial, que no es otra cosa que la capacidad que tiene un sistema de mejorarse a sí mismo recurrentemente, aprenderá autónomamente e infinitamente hasta ser más inteligente que un humano. A ese momento en el que las máquinas sean más inteligentes que los humanos se le ha dado el nombre de “singularidad”.

Esta misma palabra da nombre a la universidad creada por Google y alojada en instalaciones de la NASA, que se creó para dar solución a los mayores desafíos que la humanidad tiene que resolver. Esta iniciativa abandera el optimismo de que la tecnología traerá consigo un mundo de abundancia sin precedentes.

Sin embargo, respecto de cualquier teoría encontramos partidarios y detractores. En este sentido, existe una corriente por quienes creen que los riesgos que correremos como especie en ese momento podrán acabar con la vida humana tal y como la conocemos: sin trabajo, con una gran concentración del capital y sometidos a unas máquinas crueles.

Yo diría que lo único que es seguro es que va a cambiar nuestro entendimiento de lo que “es posible” y van a modificarse radicalmente todas nuestras estructuras económicas y sociales.

No hace falta que nos lo digan los expertos, los “ciudadanos” empezamos a ser conscientes de que estamos migrando para convertirnos en “usuarios” de servicios y sistemas. Y todas las nuevas revoluciones tecnológicas, sean cuales sean, (IoT, Blockchain o la Inteligencia Artificial) tienen como denominador común su materia prima: capacidad para procesar DATOS.

 

Todas las nuevas revoluciones tecnológicas, sean cuales sean, (IoT, Blockchain o la Inteligencia Artificial) tienen como denominador común su materia prima: capacidad para procesar DATOS

 

Pero todas estas reflexiones dejan en el aire una pregunta trascendental: La inteligencia ¿es “solo” tener capacidad para procesar datos?, ¿qué nos hace humanos? Ahora más que nunca, profesionales en ciencias humanas y sociales deberían formar parte de nuestros equipos de trabajo, haciéndose preguntas que nos ayuden a mantener los valores más profundamente  humanos.

Dicho de otro modo, comencemos por recordar que el futuro lo construimos nosotros y que tenemos la responsabilidad de asegurar que la tecnología queda siempre al servicio de la mejora de la vida de las personas.

Seamos optimistas, al fin y al cabo un robot aún no es capaz de emocionarse con una puesta de sol, aunque lo pueda disimular.

 

 

(Con la publicación de este post, Cristina colabora en la investigación del proyecto “Desarrollo de nuevos tratamientos para tumores de mal pronóstico” en el que trabaja la investigadora Miguel Saceda Sánchez, junto con su equipo, en la Fundación para el Fomento de la Investigación Sanitaria y Biomédica de la Com Valenciana (FISABIO))

 

 

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Cristina García

Autor: Cristina García

Directora general en Grupo PSN